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Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
Mateo 5:6
 
(El Señor) me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.
Salmo 23:3

Las bienaventuranzas

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia (4)

No se trata de un vago deseo, sino de una necesidad imperiosa y vital como el hambre y la sed. Sentimos rápidamente el hambre o la sed cuando no nos alimentamos. Pero, ¿sentimos de igual manera la necesidad de justicia? Esta no se limita a las relaciones justas y equitativas entre los hombres, por más importantes que sean. Evoca primero la justicia de Dios.

¿Cómo podemos obtener esta justicia de Dios? No queriendo justificarnos nosotros mismos, sino tomando consciencia de nuestra incapacidad de ser justos por nuestros propios esfuerzos. Entonces descubriremos que “Dios es el que justifica” (Romanos 8:33). Su justicia no es algo que él nos pida, es un don que nos hizo, un regalo gratuito de su gracia (Romanos 3:24), recibido por la fe en el Señor Jesucristo. La justicia de Dios no nos condena; ella nos hace vivir, nos libera, nos da la paz, nos pone ante su gracia (Romanos 5:2).

Esta justicia de la que estamos revestidos por Dios aleja todo sentimiento de culpa. Entonces Dios produce en nosotros un hambre y una sed de justicia concreta, vivida en nuestras diversas relaciones. Sed de hacer su voluntad en nuestra vida diaria, sed de dar a cada uno lo que le corresponde, sed de santidad para uno mismo. Sed de justicia respecto a Dios obedeciendo su Palabra. Cuando estas aspiraciones profundas reinan en nuestra vida, somos bienaventurados, “saciados” en la fe, el amor, la paz y la esperanza.

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Lectura: 2 Samuel 11 - Hechos 3 - Salmo 24:1-6 - Proverbios 10:3-4

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