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Tuvimos denuedo en nuestro Dios para anunciaros el evangelio de Dios en medio de gran oposición... así hablamos; no como para agradar a los hombres, sino a Dios.
1 Tesalonicenses 2:2-4

El Evangelio

¡Ah, si existiese un remedio milagro que cambiase la vida con solo tomar pastillas! «Tome usted una por la mañana, otra al mediodía, otra antes de acostarse, y dentro de unos días estará como nuevo... Pero si este tratamiento no basta, será necesario hacer otros exámenes». ¡Sí, precisamente tiene que hacer otro, pues ningún tipo de medicina, religión o ideología encontraron la pastilla milagrosa!

El Evangelio, la buena nueva revelada en la Biblia, se presenta como el remedio al problema del hombre. Obviamente, este no puede reducirse a practicar ciertos ritos, a una adhesión intelectual a ciertas ideas generosas o incluso a las «buenas obras». El Evangelio es el remedio eficaz solo si creo que el siguiente diagnóstico es verdadero: debo reconocer que el problema del hombre es de tipo moral, el de una criatura alejada de su Creador... y que, sin embargo, ¡no puede vivir sin él!

El Evangelio es poderoso y actúa en el corazón y en los pensamientos de todo el que cree. Me conduce a arrepentirme y a aceptar las «condiciones» fijadas por Dios: reconocer que él es todopoderoso y que yo no tengo fuerza; confesar que todo lo que hay en mí es rebelión, egoísmo e independencia con respecto a ese Dios perfecto; comprender que solo Jesucristo, santo y justo, puede reconciliarme con el Creador, porque fue castigado en mi lugar.

El Evangelio transforma la manera de ver y de vivir de todo el que deposita su confianza en Jesucristo. Entonces Dios actúa, y enseguida podemos verlo obrar en nuestra vida, paso a paso. ¿Creerá en él?

Lectura: Jeremías 51:33-64 - 2 Corintios 11:1-15 - Salmo 106:32-39 - Proverbios 23:26-28

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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